Joe Thomasson anotó una canasta a la media vuelta en suspensión, forzada, girando y equilibrando en el aire a la exigencia de un severo marcaje. Restaban 21 segundos y acababa de sentenciar el encuentro (85-90) en el Municipal San Pablo. El drama llevado al extremo entre dos equipos, Real Betis Baloncesto y Covirán Granada, conocedores desde el salto inicial que solo ellos, sin nadie más en tan macabro baile, eran los candidatos al descenso de categoría. Por ello, el escenario y la función estaba tan cargado de “piel”. Béticos desde las gradas, en el momento más importante, como granadinos que viajaron en masa a Sevilla, con la mirada a veces convencida, otras temerosa, valiente o asustadiza, personificaban la esencia de la pista. Y para sacudirse todo ello, tocaba animar.

Que un jugador, haciéndose poseedor del balón desde que cruzaba medio campo, entre toda esta carga, decidiese con una suspensión una primera vez, en una entrada a canasta una segunda, que le obligaran a pasarlo ante la amenaza de un dos contra uno, para volver a recibir y clavar un triple y se jugase la definitiva sentencia en un cuarto golpe consecutivo con la suspensión ya relatada en el inicio del artículo, forma parte de los momentos más estelares de esta Liga Endesa 22/23. Joe Thomasson elevó la primigenia esencia del uno contra uno del baloncesto, hasta su más bello exponente. Fueron sus cuatro canastas las últimas de su equipo, 9 puntos finales para 28 en total. Volver al baloncesto de la calle, al reto particular con su adversario, como cuando en su infancia y con apuestas de por medio, casi siempre lograba un puñado de billetes que llevar a su madre a casa para ayudar en una familia de cuatro hermanos.
“Los entrenadores me han dado confianza, me han puesto a jugar y con responsabilidad” declaraba en el diario granadino “Ideal” al periodista José Manuel Puertas. “Han puesto el balón en mis manos. Quiero que, incluso si no vuelvo la temporada que viene, me recuerden siempre por ayudarles, dejar huella. Esto es lo más importante”. En la tierra de los ‘milagros por un día’, donde tan fresco se mantiene en la memoria el 9 de mayo de 2008 cuando, una única actuación de Pops Mensah Bonsu en Granada, sirvió para derrotar a Tau Cerámica (el futuro campeón de aquella liga) en la última jornada y permanecer en ACB, en esta ocasión y gracias a Joe Thomasson, la proeza ha de basarse en cuatro capítulos -los cuatro encuentros que disputará- para conseguir el mismo objetivo.
Y sí, no cambiamos ni un ápice en la expresión de “proeza”, porque Covirán Granada, antes de su agónica victoria ante Casademont Zaragoza (71-68) y de cantar a la heroica en Sevilla (85-91), venía de una baldía travesía de 20 derrotas en 23 jornadas. En 16 de esas 20, ni tan siquiera pudieron reducir la desventaja final a menos de la decena de puntos. Sensación de verse claramente superados, entre lesiones y una dinámica pesadamente perdedora, que diluían un excepcional arranque de competición.
Pues para eso ha venido Joe Thomasson. “Es increíble notar que esta ciudad tan maravillosa crea en mí para ayudarles, que piense que yo puedo salvar un poco su baloncesto. Veo este pabellón, miro a mi alrededor y le aseguro que se me pone la piel de gallina”. Hablamos de un jugador que ha tenido una larga travesía este curso de 41 partidos disputados esta temporada. Comenzando con el más prolífico contrato de su carrera deportiva, en el Zenit St. Petersburgo, dirigido por Xavi Pascual, donde asumió que su sitio no estaba allí. Como confesó a José Manuel Puertas, “después de mi mejor temporada como profesional en el BAXI Manresa (13,2 puntos en Liga Endesa 21/22 y un 38,5% en triples), no llevaba nada bien que mi papel en Rusia se redujera a 15 minutos en pista (y tan solo 5,1 puntos por encuentro). En los entrenamientos pateaba el culo a jugadores que, en los partidos, ocupaban mi posición en pista con más minutos”.
Joe fue una pieza más del baile de americanos en el Zenit este curso, aceptando la oferta del Promitheas griego, volviendo a unos más reconocibles en él 27 minutos y 12,6 puntos por encuentro. Una vez eliminado el equipo de Patras en cuartos de final de liga, a manos del PAOK Salónica, al día siguiente cierra su contratación con el club granadino para incorporarse de forma inmediata. “Amo España, su estilo de vida y vivirlo con mi familia. A veces me cuesta entender por qué se me acoge tan bien, pues vengo de una ciudad pequeña de Ohio, en la que no puedes ir tranquilo por la calle, donde hay que ir en coche a todas partes, por la violencia de las calles. Aquí estoy en paz y puedo sacar lo mejor de mí sin preocupaciones de cómo estarán los míos” publicó el diario “Ideal”.

Desde su portentosa actuación en Sevilla, han de transcurrir once días hasta la última y decisiva cita: el miércoles 24 de mayo, a las 20:30, entre el WiZink Center, donde el Real Betis Baloncesto se enfrentará al Real Madrid, flamante nuevo campeón de la Euroliga y en el Palacio de los Deportes de Granada, donde el Covirán recibirá al Joventut, estos en busca de una posición final de cara al Playoff. Entre los dos clubes andaluces está la salvación, con la exclusiva dependencia de los béticos que, si ganan, permanecerían el siguiente curso en Liga Endesa. A la sombra del Mulhacén, toca vencer y esperar el traspié verdiblanco.
Once días que, para los de Pablo Pin, no supone inicialmente el perjuicio del parón de ritmo, sino todo lo contrario. Es una oportunidad para seguir recuperando físicamente a Cristiano Felicio, con el condicionante y extraña papeleta del entrenador de incluirle o no en el plantel para el último y decisivo encuentro, puesto que con Thomasson se cuenta en la actualidad con tres jugadores extracomunitarios. Tras las notables actuaciones de Luke Maye en las últimas tres jornadas (16 puntos de promedio, con 8,7 rebotes) y la buena conexión con Thomasson en el pick&roll, el recurso de suplirle por la estrella brasileña, que lleva sin jugar competición alguna desde el 10 de diciembre de 2022, es un tema candente que Pin tendrá que abordar. Lo bueno es que Felicio estará mucho más recuperado, más rodado, al igual que Petit Niang, otro de los pívots, tras las tres últimas jornadas de baja por un problema en su muñeca.
El desafío baloncestístico más grande de un club y de una ciudad en muchos años, se afronta mañana. Quizás tal trascendencia se encauce hasta quedar reducida en minutos finales, en las manos de Joe Thomasson y la esencia más del playground, del dominio del uno contra uno, del uno contra todos, en la posesión que marque los designios granadinos. Estarán en buenas manos.
















