25 AÑOS DE UNA LIGA DE CUENTO (1ª parte)

El descanso del partido entre BAXI Manresa y Valencia Basket, resultó ser terriblemente especial. Por el parquet del Nou Congost desfilaron todos los componentes del histórico TDK Manresa, campeón de la ACB en 1998. Veinticinco años después de una de las mejores historias de nuestro baloncesto, sus protagonistas (excepto Pere Capdevila, Lisard González y el malogrado Herb Jones), se congregaron el pasado fin de semana en Manresa para unirse con los aficionados en un coloquio, una cena particular, compartir una Fan Zone con la proyección del cuarto y último capítulo de aquella final histórica en el actual recinto que un día supuso el viejo pabellón Congost, “aunque la idea era realizarlo en el centro de la ciudad, si la lluvia no hubiese amenazado”, aclara Damià Badia, director de comunicación del club, finalizando con el homenaje en la pista al descanso de tan decisivo partido ante los taronjas, a los que vencieron 87-82. 

Derrick Alston, Bryan Sallier, Román Montáñez, Paco Vázquez y Joan Creus, en los actos conmemorativos.

En Endesa Basket Lover vimos oportuno recuperar esta historia, cargada de toda la épica y todo el anecdotario posible. Aquí va, en dos capítulos, lo que fue un año para el recuerdo, lo que tanto entonces como ahora parecía -y parece- imposible. El tercer presupuesto más bajo de la liga, resultó ser el campeón. 

UNA LLAMADA CAMINO DE PUERTOLLANO

Tocaba reestructurar una plantilla. Sí, estaba casi hecha, pero sus insignes figuras decían adiós al equipo. Los veteranos estadounidenses Linton Townes y Granger Hall se despiden del Bages junto al chico de la casa, el capitán Joan Peñarroya, que parte para León. Y sobre todo, adiós del entrenador. Salva Maldonado ya formaba parte de la idiosincrasia baloncestística de Manresa, dejando tras de sí una herencia maravillosa, coronada con una Copa del Rey un año antes, en 1996. Retroceder cuatro puestos ligueros en el último curso (octavos en 1997, semifinalistas la temporada anterior), junto con el enésimo ambicioso proyecto de Sevilla en el Caja San Fernando, fueron dos de las razones para una marcha que pesaba.

 En las oficinas del club actúan rápido y siendo aún junio, firman a un prometedor entrenador manchego, Luis Casimiro, que instruía sabiduría y temple en el Gijón Baloncesto, entonces en la LEB, debutando así en un banquillo ACB como principal. De su mano trae al escolta Paco Vázquez, jugador de toda confianza de Casimiro en Gijón que, siendo de la casa, es reclamado por el club para suplir la ausencia del “capi” Peñarroya. ”Recuerdo que me dio alegría porque volvía al equipo tras mi cesión, pero me dolió. Peñarroya había sido mi ídolo de crío”. 

Ni con mucho glamour ni excesivo talento, para acompañar a Pere Capdevila, Herb Jones fue la apuesta foránea en la posición de escolta-alero. Forjado a hierro y fuego en la universidad de Cincinnati, junto a Nick Van Exel y Corie Blount, poseía una voluntad desesperada por hacerse un hueco en el baloncesto español, a base de sacrificio y trabajo. Eso sí, debía adaptarse. “Era un tipo muy majo” recuerda Paco Vázquez, “pero te aseguro que en pretemporada, previo a la final de Lliga Catalana, se pensó en cortarlo, porque era un desastre. Fintaba cuando estaba solo, luego tiraba cuando estaba bien marcado, daba el paso atrás y se jugaba el triple… Pero jugó muy bien aquella final de Lliga y se mantuvo”. Para el equipo resultaba tan impredecible como para los rivales. “Recuerdo que compitió con Carlos Montes por ser el líder en robos de la liga. Y en la última jornada de liga regular, lo veía desde el banquillo… ¡tirarse por cada balón! Era una locura aquello”. Como un poseso saltaba a presionar en dos contra uno, siendo la frase “pero, ¿dónde va?”  la más repetida entre sus compañeros, como recuerda Joan Creus. Miren que Chichi llevaba más de 20 años de experiencia en liga, pero no había visto nada igual. 

Joan Creus, el líder de aquel mítico equipo.

“Cuando nos enfrentamos a Estudiantes en cuartos de final” recordaba el propio Creus en la Conferencia que dieron varias viejas glorias de aquel plantel el pasado fin de semana, completando los actos de este 25º Aniversario del título de liga, uno de los asistentes del club blanco “me comentó que había visto siete u ocho partidos nuestros, y que le era imposible adivinar cuándo Jones saltaba a presionar en dos contra uno. Y le tuve que aclarar que nosotros tampoco”. Y era cierto. Toda la inteligencia del resto de cuatro compañeros en pista, debía reubicarse ante los arrebatos del escolta yanqui. “El primer día lo llevé a comer una paella y se dedicó a quitar todos los bichos del plato” recuerda entre risotadas Bryan Sallier, el único estadounidense que repetía experiencia en el Nou Congost. Sallier, ala-pívot de 27 años, tras las experiencias en Huesca y León, sentía cierta comodidad en nuestra competición por mostrar su maestría desde el poste bajo. Buscando equipos de zona noble, su juego de pies y su alto rendimiento eran una autoexigencia, con más recompensas que presiones por parte del aficionado. Siempre se contaba con su sonrisa. “Finalmente, a Herb lo llevé a comer unas buenas hamburguesas y ahí sí lo vi feliz”. 

 “Bryan Sallier era el único americano que continuaba con nosotros” recuerda Luis Casimiro. “Y al principio del verano nos hablan de Derrick Alston. Nos gusta, aunque realmente buscábamos un pívot más contundente, de más peso. Por su calidad, decimos que sí a su agente si se diera el caso y este nos dice que apenas tendríamos opciones de ficharlo. Que las ‘novias’ son muchas”. Va pasando el verano y “me acuerdo perfectamente que, regresando a Puertollano desde Madrid, a la altura de Daimiel, me llama su agente por teléfono. Con aquellos teléfonos móviles que eran ladrillos, me aparto de la carretera un momento y me pregunta si aún contemplamos la opción de Alston. Le digo que sí, que esa plaza estaba vacante y aún barajábamos opciones. Me dice que espere unos días, pero que puede hacerse. Le pregunto dónde está la trampa, que un tío que dos años antes había jugado en los Sixers y el año siguiente Liga Europea con Efes Pilsen, que a Manresa… algo había. Y me dice que no, que lo convenció para que viniera a España, que Manresa era un buen sitio. Con el tiempo nos enteramos que lo había ofrecido a todos los equipos punteros de la ACB, pero que su hándicap, para que nadie se decidiera, era ser excesivamente delgado. Y nosotros dijimos que sí, claro”.

 En Manresa, con Alston y Sallier en sus filas, intuyen lo que no sospecha el resto de la liga ni remotamente: se puede competir ante cualquier juego interior. Ante cualquiera. “Es curioso, pero la posibilidad de Alston no la contempló nadie. Es un tío excepcional, que contaba con una gran envergadura. Fíjate qué carrera hizo luego, que al año siguiente acabó fichando por el Barça. Aún tengo relación con él, que ahora está en el staff técnico de los Knicks, en su equipo de Liga de Desarrollo (donde permaneció 7 años, llegando a ser primer entrenador del equipo de G League. Desde el pasado 15 de febrero, es el entrenador de Montréal Alliance, de liga canadiense)”.

Jordi Singla y el ex barcelonista Quique Moraga, completaban el juego interior. Otros ex azulgranas, Lisard González y un prometedor alero que busca gloria a sus 25 años, Pere Capdevila, se tornan como puntales ofensivos en las alas. Al igual que sucedió en el club con Roger Esteller, Capdevila buscaba en Manresa un trampolín hacia el éxito (al final de este curso, fue preseleccionado por Lolo Sáinz para el Equipo Nacional y su cita con el Mundobasket griego). Tras todas las incorporaciones, el quinteto titular, por siempre recordado, estaría compuesto por Joan Creus, Herb Jones, Pere Capdevila, Bryan Sallier y Derrick Alston.

Luis Casimiro, entrenador debutante en ACB
PRIMERAS PISTAS PARA MOSTRAR ALGO ESPECIAL

TDK Manresa ya comenzaba avisando en pretemporada. En formato de final a cuatro, acometieron la Lliga Catalana en el atractivo pabellón Fontajau de Girona. Derrotaron al F.C. Barcelona (91-82) y en un frenesí ofensivo en la finalísima, al resucitado Festina Joventut (111-97), que volvía a ser pujante, tras alcanzar la cuarta posición el curso anterior. La dirección de Joan Creus, que comenzó las primeras carreras de este ejercicio 97/98 con 40 años, muestra un sello desenfadado. No rápido, porque cierto es que sus intereses pasaban por un juego estático, apoyados en él y su potente juego interior, pero todo ello ejecutado de forma armoniosa, inteligente, fresca, a las órdenes de aquel nuevo entrenador. Y nos gusta redundar en ello, porque la liga se vio envuelta en la búsqueda de forma febril del tan cacareado juego rápido, de “el espectáculo” como principal meta, expresión más que manoseada en los últimos coletazos de aquel verano.

Les pondremos algo en perspectiva. Zeljko Obradovic acababa de abandonar la disciplina del Real Madrid tras tres temporadas, para fichar por la Benetton Treviso y su puesto en el banquillo fue ocupado por quien era director deportivo en la Casa Blanca en aquel momento, el entrenador ex estudiantil Miguel Ángel Martín. “El baloncesto que entiendo y promulgo es el de defensa a ultranza, velocidad y búsqueda rápida de posiciones de tiro” lanzaba así un dardo al juego de su antecesor, mucho más ralentizado. Aquellas declaraciones se produjeron con toda la cúpula de la liga presente, en el acto de presentación de la temporada ACB en los salones del madrileño hotel Princesa. “Yo he visto un equipo contra nosotros que desde el banquillo, ganando por ocho puntos, se pedía pausa y aguantar las posesiones en los últimos minutos. ¡En pretemporada! Eso es engañar y defraudar a la gente”. Edu Torres, el señalado técnico, puesto que el Real Madrid tan solo perdió un partido en pretemporada y fue ante Baloncesto León, saltó como un resorte días después. “Me parece impresentable que un entrenador opine de otro. Que haga su trabajo lo mejor posible, que para eso le pagan. Además, el año pasado este señor ya estaba en el club y ni se le oyó una palabra sobre el juego que hacían”.

En la presentación liguera, Manel Comas, que ocupaba el cargo de entrenador en el F.C. Barcelona, recogiendo el testigo de Aíto García Reneses, apoyaba con un “los dos grandes debemos fomentar esa vocación de realizar un baloncesto mucho más agradable” la petición de Eduardo Portela, presidente de la ACB, con la que abrió el acto: “El baloncesto control no triunfa en España. Necesitamos la vuelta al espectáculo”. Cierto es que aquellos años en Europa eran complicados, enaltecimiento del músculo y baloncesto más sistematizado, con mucha exigencia física cuando aún las rotaciones no eran tan amplias como las de hoy día. También cierto es que, ni Miguel Ángel Martín ni Manel Comas, finalizaron la temporada con sus respectivos equipos.

 La liga empieza y efectivamente, predomina el juego interior manresano respecto a sus rivales. Todas las temporadas de éxito, repasadas a posteriori, tienen diferentes cotas que marcar. Un martes 14 de octubre de 1997, en encuentro adelantado de la 8ª jornada ante el F.C. Barcelona, porque estos viajarían a París a disputar el Open McDonald’s, sucedió en el Nou Congost algo que ensalzó a unos e hizo sonar las alarmas en otros. Sin Pere Capdevila, pero con el joven Jesús Lázaro jugando como improvisado escolta (21 puntos), TDK Manresa apabulla a los azulgranas (84-68). Derrick Alston logró la friolera de 7 tapones, dominando las zonas ante la ausencia por lesión de Roberto Dueñas y el repaso escoció y mucho en la Ciudad Condal. Tras el correctivo a los barcelonistas, en encuentro televisado por Sportmanía, su comentarista, Juan Antonio San Epifanio declaró en antena que “si este equipo juega así toda la temporada, es claro candidato a ganar la liga. Lo que ocurre que es muy difícil jugar así todo un año”. Dicho quedaba.

Una pareja interior de leyenda: Derrick Alston y Bryan Sallier.

Incluso con la baja de Sallier cuando recibieron a Tau Cerámica, Alston se bastó (22 puntos y 6 rebotes) para vencer por 73-66. “Lejos de lo que pueda parecer, el TDK Manresa tiene muchos recursos” afirmaba Pere Capdevila en una entrevista del momento. “Si analizamos los partidos, en cada uno de ellos ha destacado un jugador diferente”

“EN MADRID, SIEMPRE ACABAN QUITÁNDONOS LA CARTERA”

Si hubo una curiosa rivalidad aquel extraño y convulso curso 97/98, fue la creada entre TDK Manresa y Estudiantes. Y todo comenzó con aquella canasta de Carlos Jiménez desde su propio campo para finalizar el mejor encuentro de la temporada, que duró 40 minutos y 2 segundos, en el Palacio de los Deportes madrileño. Con el 85-87 tras triple de Creus, el reloj se congeló tras la canasta, a falta de 0,3 décimas. El detalle es que, entonces, no se paraba el crono, por lo que los estudiantiles no tendrían tiempo material en reaccionar… de no haber sido porque alguien, en la mesa de anotadores, paró el reloj y lo puso en marcha tras el saque de fondo para que Jiménez tuviese tiempo a lanzar desde medio campo. “Pensaba que las trampas ya no se hacían. Ha sido increíble. Y lo peor es que nadie da la cara ni se responsabiliza de sus actos. Bajan la cabeza y se van. Vergonzoso”. Esto de boca de Joan Creus, tipo siempre calmado que, ante tamaña cacicada, protestó enérgicamente como el resto del equipo, enfadado como no habían visto nunca, según sus compañeros. Jordi Singla firmó el acta bajo protesta como capitán, aunque no les sirvió de nada. “Chichi llevaba muy mal las injusticias. Eso sí, también recuerdo que La Demencia esperó a las afueras del pabellón junto a nuestro autobús, para aplaudir a Creus y reconocer el mérito de su juego” enfatiza Paco Vázquez. Tal fue la decepción que una semana más tarde, pincharon en casa ante el recién ascendido Ciudad de Huelva (80-81) y la llegada de las ventanas FIBA con su correspondiente parón liguero, supuso un tiempo de tranquilidad y reestructuración mental. Además, en aquel parón, Creus cumplía 41 años.

El malogrado Herb Jones, un jugador diferente.

Veintidós días después de la afrenta madrileña, regresan a la capital de España, al mismo escenario de la calle Goya, para enfrentarse al Real Madrid. Y en un partido sublime, TDK Manresa vence por 72-84. Miguel Ángel Martín, entrenador blanco, reconoce que “el TDK es el equipo que mejor aprovecha los errores rivales”. Y tales errores, les condenaron. Con seis jugadores apenas usados, con Paco Vázquez como único con cierto peso desde el banco, lograron quitarse los fantasmas de tal escenario y romper una racha de 24 visitas infructuosas a la guarida blanca. Pero no todo fueron alegrías. Fernando Peñarrubia, delegado del equipo, advierte que en el hotel donde se hospedaron, le sustrajeron una bolsa donde tenía todas las fichas de los jugadores, con los billetes de vuelta y setenta y siete mil pesetas. La bolsa apareció en la calle, bastante alejada del hotel, debajo de un vehículo, con los billetes de viaje y las fichas, menos el dinero y unas gafas de sol. “En Madrid, siempre acaban quitándonos la cartera” era la irónica frase que se paseaba entre los componentes del equipo.

Tras pasar una mala racha con derrotas en casa ante Xacobeo Ourense (61-64) y ante Baloncesto León (70-72), además de caer eliminados en los dieciseisavos de final de la Copa Korac ante el Aris Salónica (y miren que les apabullaron en casa, por 84-69. Pero el pabellón Alexandrio de Salónica fue un mal trago, con derrota po, 96-74), una clara victoria en Sevilla ante Caja San Fernando (70-88), les da algo de alegría para afrontar la Copa del Rey. Eso sí, motivación no necesitaban mucha, pues la paradoja quiso que el rival en cuartos fuese Adecco Estudiantes.

Joan Creus y Jordi Singla, ríen. 25 años después, sigue pareciendo increíble.

El inicio dejó a las claras todas las cuentas pendientes: 37-17 para los manresanos en el minuto 14. Y aunque los estudiantiles se pusieron a 2 puntos en el minuto 30 (64-62), la veteranía, ese plus con el que siempre contaron nuestros protagonistas, les valió para encauzar de nuevo el partido y salir triunfantes (87-82). En semifinales, no pudieron con el Festina Joventut (70-82) en una Copa que vio como sorprendente campeón al Pamesa Valencia.

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