UNICAJA ES UN ESTADO DE ÁNIMO

Cuando sale todo sobre una pista de baloncesto, se logra forzar malos tiros del rival y como consecuencia, provocar transiciones eléctricas con la premura de a quien se le acaba la fiesta, lo lógico es que se acabe en canasta tras canasta tras canasta. En los tres primeros cuartos del pasado domingo en el Martín Carpena, tanto en la pista como en las gradas, todo era un festín. El mejor homenaje para arengar a los componentes de la plantilla de fútbol, testigos del evento, apoyados por los colores balompédicos en el uniforme cajista de manera extraordinaria, como un “todos a una”. Esta es la forma y así se ejecuta, explicada por los baloncestistas de Unicaja

Claro que, para llegar a esa situación, hay que conjugar todos los verbos en la forma correcta, que básicamente viene siendo el presente de indicativo en su primera persona del plural: “(nos) sacrificamos”, “(nos) apoyamos”, “ejecutamos” y “celebramos”. El toque diferencial es la diversidad de verbos. Todo, sobre una alfombra voladora (porque Unicaja vuela esta temporada) en la que se ha unido un enorme talento para este juego, no excesivamente caro pero sí cotizado en este curso, con una puñado de caracteres, a cada uno con su disparidad, con el común denominador que son buenas personas. Algo que el club malacitano siempre buscó y en la mayor parte de casos, encontró. El tema es que los resultados deportivos deben acompañar y que, entre todos, hay que compactar un equipo que logre competir por las más altas cotas. 

Pongamos el foco en un ejemplo concreto: la defensa de Tyler Kalinoski. Ante el Joventut la pasada tarde del domingo, su esfuerzo defensivo en el intento de marcar a un tirador tan desequilibrante como Kyle Guy, fue sobresaliente. No solo corriendo tras él, sorteando bloqueos y no dejándolo tirar, sino que además lograba ayudar a sus compañeros en un afán de llegar-a-todas-partes más que loable. Está bien decir que el esfuerzo atrás de Kalinoski siempre fue infravalorado, cegados por la letalidad en su tiro exterior, pero es que lo que vimos in situ en Málaga hace un par de días, fue otro nivel. Y eso se consigue cuando todo funciona, cuando se encuentra respaldado y bien flanqueado, cuando la plantilla al completo, desde que quedaron campeones en Badalona de la Copa del Rey, pisa -o eso parece- un metro por encima del suelo. De verdad, parecen tocados por algo eléctrico, mágico. Por ello, nos aventuramos a decir que Unicaja es un estado de ánimo. Créanlo. 

El recinto José María Martín Carpena se llena a cada ocasión y se convierte en el grito más atronador de nuestras fronteras. ¿Cómo no va a ser así, cuando de los 22 partidos disputados este año entre sus muros (incluyendo los de FIBA Champions League), han vencido en 18 de ellos? Su récord actual en Liga Endesa es de 21 victorias por 9 derrotas. Comparado con cursos anteriores, donde los sinsabores han sido tónica generalizada desde que el equipo dejó de ser dirigido por Joan Plaza, lo engrandece aún más. En las 5 temporadas previas, se suma un récord de 82 triunfos por 79 derrotas en liga regular, un 50,9% de victorias, contrastado con el 70% de la actual. Más cruento puede ser si rememoramos el 13-21 de la campaña pasada.

¿Factores? Sobre todo, que tras una vana búsqueda por bases de calidad en los últimos ejercicios ligueros, al fin dieron en Kendrick Perry con la tecla para descubrir alguien con un poder identificativo con la ciudad, muy especial. Esta ha sido la gran diferencia respecto a sus antecesores. Comprometido, sabiendo de sus aptitudes, acelera el tempo de los partidos hasta llegar a ahogar a los rivales con un frenetismo compartido por sus compañeros, rozando el paroxismo. Las caras del Real Madrid en el último cuarto durante las semifinales de Copa, fueron un bodegón cuyos trazos enmarcaban esta sensación. 

Que David Kravish, Nedovic, Osetkowski el citado Kalinoski o Tyson Carter, los que han formado parte de ese grueso novedoso de hombres este verano, calen con profundidad en las raíces de la Costa del Sol, no es tan usual. El éxito de las redes sociales de Dylan Osetkoswski, maravillado con su entorno en una ciudad pintoresca cargada de luz, es tan asombrosa como sus canastas. ¿Que Carter es un tipo más tímido? No importa, pues está más que integrado. Augusto Lima, Alberto Díaz, Darío Brizuela o Jonathan Barreiro, gente identificada con el club y conocedores de la casa, saben cómo azuzar el espíritu reservado del estadounidense. 

Y, además, la segunda oportunidad que se han otorgado tanto Will Thomas como Melvin Ejim, igualando o superando -en el caso del segundo- su aportación de su primera experiencia, les hace ser un binomio eficiente al lado de un grupo donde se sienten a gusto en el ejercicio de su profesión y toda la atmósfera que les rodea. Hasta el punto que el canadiense Ejim está por curiosear y empaparse del refranero español, con el arte y la sorna que hay en Málaga. Ibon Navarro ha visto y conducido toda esta malgama de buenas actitudes y excelente talento. Incluso bajas importantes como las de Lima, entendió que con recambios como Yankuba Sima, suponen con el acople idóneo, una aportación que no resta y cuenta con el apoyo del resto. 

Unicaja este año anota un similar 35% en triples respecto al año pasado. ¿Cuál es la diferencia? Numéricamente, que el ritmo es mayor, con lo que el 46% en tiros de 2 el año pasado ha pasado a un 48%, como producto de mayor número de posesiones y transiciones rápidas. Y, que los tiros libres intentados se han incrementado de 15 en la 21/22, a 18 en la actual 22/23, por mayor mordiente en el momento de atacar el aro. 

Todo esto provoca la alegría de tener momentos de embriagadora sinfonía ante el Joventut -se fueron por hasta 18 puntos (49-31)- y que, en el último cuarto, cuando tuvieron problemas y recortes claros en su diferencia (66-59), sea Kalinoski con dos suspensiones casi consecutivas, como cualquier otro, forme una chispa para que toda la maquinaria vuelva a funcionar con normalidad, porque su “normalidad” en la actualidad, es que todo funcione. 

Quintos en Liga Endesa, a una victoria de Lenovo Tenerife, que alberga la cuarta plaza, Unicaja, tan armónico como el oleaje de las playas de Málaga, ensalzado como sus fans en las gradas del Carpena, más que un equipo arrollador, es un estado de ánimo. Y no hay más que mirar sus caras para saber cómo es. 

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