En la primera década de este siglo se convirtió en tendencia que los equipos españoles pescasen jóvenes un caladero aparentemente enorme: el del baloncesto brasileño. Sin duda, el gran referente para ello fue Tiago Splitter y nadie ha superado tal hallazgo desde entonces, pero es que el Baskonia siempre será el Baskonia para estas cosas. Los demás ‘grandes’ lo imitaron con apuestas de distinto grado de acierto, pero que siempre necesitaron un periodo de maduración. Un caso intermedio es que nos ocupa hoy: Rafael Hettsheimeir.
Por supuesto, para que un equipo español se fijase en alguien en Brasil debía tener algo imprescindible: tamaño (la única excepción es probablemente Rafa Luz). ‘Hetts’ ya estaba en 2,08 cuando con 17 años militaba en el COC/Riberao Preto, con el que ganó algunos títulos nacionales y regionales. Sus orígenes son muy humildes: a los siete años se quedó sin su padre, que era conductor de trenes, y su madre trabajó donde pudo, en el campo o limpiando casas. “De verdad, no creo que haya nadie que me conozca que te diga que soy un chulo o que me creo nada. Eso no va a cambiar. Mi familia es pobre, no teníamos nada. Yo me lo he tenido que trabajar todo, no solo en el baloncesto. Era difícil desplazarse para entrenar o comprarte unas botas. Durante mucho tiempo jugué al baloncesto con zapatillas de fútbol sala porque no había dinero para unas de baloncesto”, decía en 2012 en una entrevista en ‘Gigantes del Basket’.

Quien consiguió sus servicios en 2005 fue el entonces pujante Akasvayu Girona, que lo cedió inmediatamente al Vic, de LEB-2. Cuando aquel proyecto se iba viniendo abajo, Estudiantes estuvo listo para ficharle, pero volvió a cederle, primero de nuevo al Vic y luego al Plus Pujol Lleida, ya en LEB. Como puede apreciarse, su cocción era lenta. En estas categorías federativas progresaba, pero no lo suficiente como para que obtuviese oportunidades con sello ACB. Esto no se produjo hasta la 2009-10 durante unos meses en el Obradoiro.
Empezó a lucir de verdad en Zaragoza. A orillas del Ebro mejoró de tal manera durante dos temporadas y media que el mismísimo Real Madrid, ya dirigido por Pablo Laso, llamó a su puerta en verano de 2012. No era una estrella, pero sí un jugador útil, que podía poner buenos bloqueos a los tiradores blancos y tener una presencia importante en defensa y rebotes. No logró trascender del papel de cuarto-quinto pívot, lo mismo que la campaña siguiente en el Unicaja. Sentir que había tocado techo le llevó de vuelta a Brasil, al Bauru Basket, y solo ha regresado para 15 partidos en el Fuenlabrada 2015-16. Completó así 148 en la máxima categoría con 8,5 puntos y 4,3 rebotes en 20 minutos, números en los que se mezcla el protagonismo en Zaragoza con el papel muy complementario posterior.

Continúa en activo a sus 37 años y ya es su tercera etapa en el Bauru, habiendo jugado también en Franca, Flamengo y brevemente en Puerto Rico (Santeros de Guada). Es curioso que ha ganado un par de concursos de triples desde entonces, una suerte que no probó demasiado en España (68 en total), aunque con un porcentaje aceptable (36%, incluyendo un 50% en su última etapa en Fuenlabrada).
¿Seguirá el mismo chico humilde que aseguraba ser en la entrevista de hace 11 años? “Me gusta jugar, que me reconozcan por mi trabajo, pero fuera quiero pasar desapercibido. Soy de pueblo, tío. Con mis amigos, con los que tengo confianza, sí soy más abierto, pero intento siempre vivir tranquilo. No sé si es mejor así, pero yo lo soy”, proclamó entonces.

















