STANLEY ROBERTS, EL GIGANTE EN MITAD DE LA TORMENTA

Hay historias que se recuerdan con más intensidad por su propia amargura que por las satisfacciones vividas. No hay nada más descorazonador que crear expectativas, dar rienda a las ilusiones que conllevan y que una y otra vez todas acaben frustradas. Si hablamos de expectación, el Real Madrid es una institución que vive con ello de forma perenne, aunque pueda, en ciertos periplos, sobrevivir en mitad de una tormenta. Y en ella estaba cuando quisieron dar carpetazo a todas sus desgracias en el verano de 1990. La muerte de Fernando Martín, graves lesiones, la falta de rumbo de aquel entrenador mágico e incomprendido George Karl, que acabó siendo destituido, fueron un cúmulo de circunstancias adversas a las que pretendían poner fin. 

“Es frustrante que el equipo no se haya reforzado” era la queja que José Biriukov lanzó entre los primeros sudores de pretemporada. Ocho fichas senior tan solo y un único base puro, José Luis Llorente, no invitaban al optimismo. La adquisición de un jugador venezolano, Carl Herrera, sonaba extravagante. No sabía el aficionado si iba a ser un gregario o la estrella que necesitaban, a sabiendas que la pareja de extranjeros ese curso, se tornaría en primordial. El otro refuerzo se hizo de rogar y mientras Michael Jordan presentaba la nueva temporada de la Liga ACB en Barcelona, de esas alturas de verano hablamos, se desveló su nombre entre no pocas incógnitas: Stanley Roberts

Próximamente y tras el avance que emitió en el pasado Barça-Real Madrid, en #Vamos, el canal de Movistar+, el afamado programa INFORME PLUS desentrañará la figura de Stanley Roberts, con toda la grandeza y el drama que conlleva.

Roberts, más desconocido aún que Herrera, al que menos lo habíamos visto en el Mundial argentino, era la estampa que imponía de un tipo de doscientos quince centímetros y ciento cincuenta kilos de peso con los que llegó a Madrid. No sabíamos si para bien o para mal, pero invitaban como poco, al asombro. ‘Y este, ¿será la estrella u otro complemento?’ Pues tampoco se sabía. Automáticamente, los medios le catalogaron de “anti-Norris”, cartel fácil y manejable en la época de dominio absoluto del pívot azulgrana. 

La explicación de la directiva y la espera hasta las vísperas del inicio de la liga, vino por los resultados académicos del muchacho. En su primer año en la universidad, no pudo jugar por cuestiones académicas (no daba la nota para ello) y sí lo hizo en su segundo curso, acompañando a Shaquille O’Neal en las zonas y a la estrella de aquel Louisiana State, Chris Jackson. Cuando rechazó presentarse al draft y seguir en la NCAA un tercer año, nuevamente se le prohibió jugar debido a sus pobres calificaciones, con lo que ya tomó la decisión de contratar agente y ver posibilidades en Europa, aunque fuese a regañadientes. Por aquellos días en el que se decidió, ya no le daba tiempo a ser elegible para el draft NBA aquel año 90. Tras el tanteo inicial en Italia -cuentan las crónicas-, el Real Madrid, con unos jugosos 900.000 dólares de ficha -repetimos, eso decían las crónicas entonces-, el extranjero mejor pagado de toda la liga, era una alternativa atrayente. 

Había mucho trabajo por hacer con este gigante, para que rebajara los 14 kilos que perdió, corriendo todas las mañanas por la Casa de Campo en prolongadas sesiones y unirse por la tarde con sus compañeros en los entrenamientos. Es curioso que aquí en Madrid, con tan solo 20 añitos, mostró la silueta más esbelta que jamás lució a lo largo de su carrera. Verlo en su prolongada carrera NBA posteriormente, con un sobrepeso más que evidente, era dar la razón a quienes realizaron tan ardua tarea física con él entre el club blanco. 

Su puesta a punto fue lenta, aunque en los dos primeros meses de estancia en España, sus resultados anatómicos eran más que notorios. Cuando ganaba la posición, era inamovible, aunque pocos balones disfrutó tras la disputa en la zona. Él, tipo extrovertido y humilde, pensaba que recibir tan pocos balones formaba parte del proceso de adaptación. No era un jugador de poste bajo sobresaliente, porque entre otras cosas, a la primera embestida, se le castigaba con falta en ataque las más veces. Aunque tampoco eso se probó mucho. 

Su gancho en suspensión era muy bueno, así como su notable juego de pies. Y a pesar de la falta de protagonismo en ataque, nunca se quejó que no recibiese balones. ¿Sabían que, excepto en una ocasión, con 18 puntos -y empatado con Biriukov-, nunca llegó a ser el máximo anotador de su equipo en liga? Los aficionados tuvieron que esperar hasta la jornada 32 para verlo, en La Casilla bilbaína (63-76). Eso sí, aquel día también se despachó con 6 tapones, uno de sus grandes poderes. Sus estadísticas engordaban solamente cuando capturaba rechaces ofensivos y anotaba bajo el aro. 

Era frustrante con el potencial que evidenciaba, que fuese su mayor fuente de anotación, que nunca hubo una jugada pensada para él. Tampoco se vislumbraba en el resto de sus compañeros, que los sistemas optimizasen sus virtudes. Por lo que las miradas hacia el entrenador, Wayne Brabender, cada vez eran más críticas. El equipo corría poco y le faltaba un referente anotador. Adolecía de puntos, tiro exterior y en la zona juntaban a Roberts y Antonio Martín como pívots, junto a Carl Herrera, que siendo un ala-pívot, se le fichó para ser el alero titular. Aquel engrudo en la pintura, tenía difícil digestión.

Lo curioso es que llegó la Copa Korac, competición internacional que disputó el Real Madrid aquel curso. Y Stanley Roberts, en sus primeras jornadas, se encontró mucho más cómodo. En el debut ante el Trane Castors belga, un 12 de diciembre, fue el máximo anotador -al fin- del equipo, con 22 puntos y 16 rebotes. A la semana siguiente y ante la visita del Panathinaikos, frente a otro futuro pívot NBA, Antonio Davis, cumplió su mejor partido como madridista: 36 puntos y 18 rebotes en una enorme exhibición, para la victoria por 88-65. Aquelló sí parecía un pívot NBA, dominante y arrollador. A cada rebote defensivo, subir al ataque, recibir en poste bajo y decidir, era todo una continuación de gestos. Si no a la primera, sí a la segunda, con unos mates estratosféricos. Arrollaba. Incluso en la tercera jornada, en la discreta actuación del equipo en Cantú, que supuso su primera derrota europea (85-70), Roberts fue el más resolutivo, con 25 puntos. 

Empezaba a conocer Madrid, su entorno y su carácter abierto lo ayudaban. Bonachón y muy risueño, siempre decían de él en la universidad, que sus compañeros se servían de él y su carácter para atraer chicas en las fiestas que organizaban. Aquí, en Madrid, alguien del mundillo lo vio en una discoteca ¡siendo el pinchadiscos!, afición que ejercitaba en aquel lugar. E hizo también buenas amistades entre los soldados de la base militar estadounidense de Torrejón de Ardoz, en las que también se unió en alguna juerga.  

A esta aclimatación, se unieron los mejores resultados deportivos del equipo. En las eliminatorias por el título de la Copa Korac, el Real Madrid fue capaz de tumbar a quienes aquel curso se proclamaron campeones de Italia y España. En los cuartos de final, ante Phonola Caserta, Roberts se fue hasta los 19 rebotes, en el partido de vuelta de la heroica remontada (74-59). Y en semifinales ante el Montigalá Joventut, 17 puntos en el primer enfrentamiento, dando el mazazo en Badalona. Eliminatoria, por cierto, que durante su transcurso aquella semana, vio la destitución de Wayne Brabender, siendo relevado por el muy veterano entrenador de la casa, Ignacio Pinedo, como clara demostración que la nave, nunca fue bien. 

Y llegó la hora de la verdad y jugarse los títulos. La final de la Copa Korac fue un cúmulo de circunstancias adversas y dramática suerte, comenzando por el infarto a su entrenador, Ignacio Pinedo, en mitad del partido de ida en Madrid. Y acabando por el querer y no poder de una plantilla muy corta en la vuelta de Cantú, a pesar de adquirir 18 puntos de ventaja en la primera mitad, sucumbiendo en la prórroga (95-93). El excesivo respeto que Roberts tuvo por su compatriota rival, Roosvelt Bouie, disminuyó la aportación de alguien que debió ser decisivo. 

El mal ambiente que se acrecentaba, influyó también en nuestro protagonista. La puntilla llegó en el Playoff ACB, en los cuartos de final ante Taugrés. En un año en el que era fundamental quedar entre los tres primeros para tener acceso a la primera Liga Europea, que se disputaría en la siguiente temporada, el tropiezo inicial en Madrid (78-81) fue continuado por un enorme repaso en Vitoria (86-68), en el recién estrenado Araba Arena, nunca dando la más mínima capacidad de reacción y viendo un equipo perdido sobre la pista. Sin haber acabado abril, el equipo blanco ya estaba de vacaciones. 

La despedida de Stanley Roberts fue triste y muy amarga. Justo tres días después de su eliminación liguera, alguien debía pagar el pato y no solo se comunicó que no continuaría, sino que se le multó con 15 millones de pesetas por indisciplina, aduciendo graves problemas disciplinarios y comportamiento en puertas del choque decisivo en Vitoria, entre otras infracciones. Era la mayor multa jamás impuesta a un jugador de baloncesto en nuestro país (un 12% aproximadamente de su sueldo total). Tampoco pudo después fichar por ningún otro equipo español, por una cláusula que se reflejaba en su contrato, aunque su declaración de presentarse en el draft NBA de 1992, mostraba a las claras sus intenciones. Seis temporadas le siguieron en NBA siendo hombre importante en la rotación -a veces, titular- tanto en los Magic, como en Clippers y los Timberwolves, para pasar dos años más en la gran liga casi de forma testimonial. Y un caos de vida posterior … que daría para un amplísimo artículo. 

Stanley Roberts llegó al Real Madrid en el momento más inoportuno y tan solo pudo mostrar a cuentagotas lo que pudo ser. Podéis añadir todos los ‘what if…’ que queráis a su paso por la capital de España, porque los admitiría todos. Pero cuando las circunstancias eran favorables, se vieron en él cosas que, en las casi vacías gradas del Palacio de los Deportes, no se habían presenciado nunca. Por eso sigue siendo tan recordado. Por eso, nos encanta la idea que se haya creado un documental televisivo de casi una hora de duración sobre su figura. 

En él, lo veréis con la misma sonrisa de siempre, teniendo -afortunadamente- una vida normal, después de mil tropelías que el destino le tenía esperando. Os enteraréis del más que sorprendente fichaje que el Real Madrid pretendía cuando una delegación viajó a Estados Unidos y que acabó descartado, hasta que se cristalizó el fichaje de Roberts. Toda una joya de alguien que, a pesar de los pesares, por no haber visto jamás un físico así en nuestras fronteras, sigue disfrutando del cariño de los aficionados. 

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