Dice la estadística que Aday Mara perdió un balón a falta de 07:38 para la finalización del segundo cuarto. Y afortunados presentes delante de aquella acción, lo que el joven de -aún- 17 años pretendió tras recibir, fue un gesto natural en él y un virtuosismo para el resto, sacando codos desde el poste bajo, girarse a canasta e intentar con la izquierda un pase que sorteara a su rival y al defensor de Justin Jessup, que ya bajo el aro, cortaba a canasta. Pase picado, oigan. Con el brazo extendido y golpe de muñeca.
No sabemos si el balón se perdió por la línea de fondo porque tenía la imprecisión de unos centímetros adelantado al objetivo o, simplemente, que Jessup cortó sin mucha fe ni convencimiento que pudiese recibir estando tan marcado. No creerse que su compañero pudiese ejecutar algo tan bello, tan práctico. No creerse que Aday Mara es tan bueno.

En baloncesto de formación hemos visto un repertorio baloncestístico que embriaga, capaz de hacer muchas cosas. Y en el profesional, mundo en el que debe sobrevivir, se optimiza todo aquello del que se le puede sacar partido, lo que ayuda a ganar, que de eso se trata. Continuaciones en los bloqueos efectivos, pases de “alley-oop” que atrapa cuando un compañero sabe el momento y lugar de ponerla arriba y, en definitiva, todo aquello en la que los brazos interminables que acompañan a tamaña estatura, pueden ser eficientes, tanto adelante como atrás.
Pero aún es joven y tiene un cuerpo por hacer. Por ello, digamos que lo que hemos visto en su juego en Liga Endesa es una mínima parte, porque la experiencia y un físico que irá progresando harán -y eso es lo que más deseamos y esa es su asignatura, con todo el trabajo que ello implica- reeditar todo el repertorio que hemos visto en categorías cadete y junior. El dominio del poste bajo que enamora, el uso de ambas manos para soltar tiros cortos desde muy, muy arriba, la paciencia para dar pases y soltar el balón en situaciones insospechadas, sea en las inmediaciones del aro o desde arriba de la bombilla, colocándolo quirúrgicamente donde toque. Ángulos, líneas de pase, espacios, la aritmética del baloncesto que, visto en alguien tan joven, crece en belleza.
Sí, son bonitos sus mates en “alley-oop” que copan las mejores jugadas de la jornada en ocasiones. Pero no es que rehuyamos de ello, sino que no nos impresiona tras haberle visto santificar el juego más básico y purificarlo. Aday Mara es así: un estudioso ejecutor de todo lo que hace. Con la delicadeza que da su elegancia. Por ello, donde en la estadística pone “balón perdido” a falta de 07:38 para el descanso, es una sinfonía para nuestros sentidos. Esperemos que más bien pronto, sus compañeros asuman que él es muy bueno.

















