Son 25 años de aquella locura vivida en Valladolid. Si en las Navidades de 1987, esta ciudad quedó marcada por siempre con el triple de Nacho Solozábal, en la edición de 1998 quedó impregnada de todo, pero por encima cualquier circunstancia, de un equipo que se presentaba por primera vez en una fase final de Copa del Rey … y ganó. El nombre y la leyenda de Miki Vukovic, entrenador de Pamesa Valencia, siempre será rememorado a cada febrero copero en nuestras vidas. Ya lo ven, 25 años después y continúan los homenajes en el club taronja.

Aunque lo más recordado fue aquello del “este baloncesto se puede defender con cuatro hombres, si no tienes muchas ganas de jugar”, ácida crítica de Alfred Julbe, entrenador del Joventut, al baloncesto ejecutado por Pamesa Valencia de posesiones a 30 segundos permanentes. La tensión y las declaraciones cruzadas entre Julbe y Vukovic previas a la final, fueron de antología, como aquel ‘mandar a paseo’ de Julbe a Moncho Monsalve en entrevista radiofónica.
Pero todo fue extraordinario y muy loco. Nacho Rodilla, el hombre más recordado entre los valencianos en aquella edición, por lo que recuperamos una fotografía con él como protagonista, jugó los 40 minutos en cuartos de final, 34 en semifinales y tan solo descansó 28 segundos en la final. Y parecía que no había fatiga en unas piernas privilegiadas que corrían contragolpes, defendían y jugaban con la intensidad que necesitaron para ganar. Era el baloncesto de Vukovic, el que para derrotar a uno de los favoritos, Tau Cerámica, mantuvo su quinteto titular durante 34 minutos en pista (Rodilla, Fox, Swinson, Radunovic y Perry), solo interrumpido por Víctor Luengo sustituyendo a Fox).
Porque el Barça, que contaba con bajas y Joan Montes en el banquillo, tras la destitución de Manel Comas, iba cogiendo cierto tono tras un inicio muy irregular. Y aunque no era cabeza de serie, siempre es el Barça, con lo que la victoria del Joventut en cuartos debiera ir impregnada de cierta sorpresa. A partir de ahí, ensalzar que todos los cabezas de serie, perdieron en cuartos. Ni el Real Madrid pudo con el anfitrión Fórum Valladolid (a pesar de contar con 17 puntos de ventaja en la segunda mitad), ni Estudiantes con TDK Manresa (la dulce venganza del “Javier, mete el micro ahí”), ni los baskonistas de Sergio Scariolo, que iban como un tiro en liga, con los valencianos. Por tal motivo, Pamesa Valencia se presentó en la final tras derrotar a los anfitriones, aunque por el camino se dejaron puntales, debido a la lesión de su escolta americano Reggie Fox, que no pudo jugar la final.
En ella, efectivamente, tal y como aseveró Julbe, en las primeras jugadas, el alero verdinegro Andy Toolson se quedó en campo contrario mientras el resto de sus cuatro compañeros defendían el ataque del Pamesa (que anotó canasta), por cristalizar la polémica. Hubo mucha dureza bajo en la zona, donde el montenegrino Sasha Radunovic minimizó la mayor amenaza interior verdinegra, Tanoka Beard, con un conocimiento del juego sobresaliente. Nacho Rodilla despegó a su equipo con dos triples consecutivos en una segunda mitad de antología, corrió contragolpes para activar a Swinson y fue tal su agotamiento que, en las últimas posesiones, con una decena de puntos de renta que había labrado a lo largo del choque, apenas podía defender y cedió el balón a sus compañeros para que lo subiesen en ataque. Era la última gota de esfuerzo de un base que lo dio todo por liderar a los suyos a lo impensable. Todo se olvidó cuando levantó el trofeo.
Pamesa Valencia certificó con su título, que la Copa del Rey es la competición de los pronósticos hecho trizas, de crecer el prestigio de algo grande, hermoso, que podemos disfrutar hoy día. 25 años después, su legado lo tenemos muy, muy presente.
















