Fue de los momentos más impactantes de la historia de la Copa. De aquellos en los que, cualquier aficionado, recuerda perfectamente dónde estaba cuando vio las imágenes. Un susto que, casi 30 años después, todavía no nos lo quitamos del cuerpo, sobre todo rememorando las imágenes. Miren la fotografía. No es un instante que llevase a engaño. Exactamente es lo que vemos. Un peso muerto, tumbado en el suelo, con una postura antinatural, inconsciente y hasta -dicen- que no tenía pulso. Cuando el pánico se adueñó de todos.

Con la cabeza girada y un brazo de forma extraña, el único gesto que hizo fue acercar la mano a la boca, casi de forma inconsciente. Porque el jugador estaba eso, absolutamente inconsciente. Y a partir de ahí, la alarma. La mirada en blanco, las convulsiones del jugador que hielan la sangre de los presentes como muestra de la gravedad y con la sensación de tragedia a un paso. Pablo Laso a su lado, pide auxilio inmediatamente. Rafa Talaverón, como pueden observar, al fondo en la banda, con las manos en la cabeza, personificando el gesto de todo el pabellón, de todos nosotros. El doctor Soriano, médico de Estudiantes, es de los primeros en acercarse. Collarín, aupado hasta la camilla que nos pareció una eternidad hasta que llegó y urgentemente al hospital Virgen del Rocío, donde cabía la posibilidad de temerse lo peor.
Aún restaban 5 minutos para la finalización de la primera parte. Se decide reanudar el encuentro, sobre todo para sacudirse entre todos el estado de shock. Dicen que al descanso, más en frío y con tiempo para pensar, sin noticias aún, algunos jugadores se derrumbaron. Santi Abad lloró como un crío en el vestuario.
Con el inicio de la segunda parte, llegan las primeras informaciones, que Marcelo ya hablaba. No recordaba nada, pero estaba mareado y le dolía la cabeza. El doctor Dimas Manzano, tras el escáner, da un diagnóstico de normalidad, con la movilidad de su cuerpo, en perfecto estado, algo que se anuncia en la retransmisión televisiva. Y esto fue como una luz para la familia de Nicola, que desde Argentina estaba viendo el partido en directo. Imaginen su situación de impotencia. Con el tiempo, recuerda que lo que le dolió durante días fue el hombro, quizás de esa postura forzada y atípica en el rato que estuvo inconsciente. Pero no pasó nada más. Jamás tuvo problemas de cuello o de cabeza, ninguna secuela. Taugrés ganó aquella semifinal (97-93) con una segunda parte fantástica del compañero que más sollozaba, Santiago Abad (23 puntos), que precisamente ocupando su lugar en cancha, lo bordó.
“Este chico tiene ángel” fue la frase más repetida en aquellos días, la que declaró Manel Comas, entrenador de los baskonistas, a la finalización del encuentro. Sin embargo, aquel susto, por suerte sin consecuencias, siempre quedará como uno de los recuerdos más impactantes de la historia de la Copa.
















