CÁPSULAS COPERAS (IV): CÁCERES Y EL VIAJE MÁS ALUCINANTE HACIA UNA FINAL

Fin de la primera vuelta de liga, fin a todas las cábalas en las que estaban envueltos 5 equipos para las 3 plazas finales de Copa y uno de los aspirantes, el Cáceres C.B., en décima posición de la liga 96/97 y aún con posibilidades de clasificación. ¿La causa? Un partido aplazado de esa jornada que aún coleaba, un Taugrés-Cáceres que sentenciaba al perdedor y aupaba al ganador a la cita copera. Prepárense para la crónica de un viaje alucinante hasta la mayor gloria de los cacereños en toda su historia. 

En la noche del martes, 4 de diciembre, previo a la decisiva jornada 17 de liga, regresaba el Cáceres C.B. de su compromiso europeo en Ovar, en los dieciseisavos de final de Copa Korac ante el Ovarense (79-73). En Puerto Sierra de la Estrella, a 30 kilómetros de la frontera salmantina, una tremenda nevada sorprende al autobús del equipo en su trayecto, en mitad de carreteras portuguesas de las de 1996. Un chófer aventurado piensa que no es necesario dar media vuelta, confiado en que lo podía pasar. “El tipo tenía confianza con nosotros y en un arranque de valentía, nos dijo que seguía adelante” recuerda Ferrán López, base de aquel equipo y actual director deportivo de Carplus Fuenlabrada. “Pero no seas bruto. Si no es que tú sepas capaz de cruzarlo. Que como te encuentres algún vehículo atravesado, cortando la carretera, no vamos a poder continuar, le advertimos alguno. Pero ni caso”. Y, efectivamente, diez minutos después, sobre las dos de la madrugada, una cola de unos 150 vehículos les adelantaban, parados en mitad del puerto por no poder transitar, obstaculizando el escarpado camino. La cosa comenzó a empeorar cuando detrás de ellos se fue formando otra aún superior (calculan que unos 300 vehículos), con lo que ya no se podía dar marcha atrás. Comienza la odisea. “Nos fuimos todos a la parte trasera del autobús, algunos durmiendo y lo que estábamos despiertos, pues de ciertas risas. ¿Qué le ibas a hacer?” recuerda Santi Abad. Y empiezan a pasar las horas y allí quietos. El chófer dice se ve en la obligación de apagar el motor y, por lo tanto, la calefacción. Y el frío de fuera, empezaba a notarse dentro. “Fue terrible. Pasamos un frío… Tuvimos que sacar incluso la ropa de juego, aún húmeda del sudor y nos la pusimos por encima de los chándals. Hombre, poco, pero todo lo que abrigaba, bueno era”. Comienza a amanecer y la situación era la misma.

“Hoy día, puedes saber el estado de las carreteras y demás, gracias a las tecnologías” reconoce hoy día Ferrán López. “Pero entonces… Además, tampoco teníamos juegos. Yo llevaba el diskman y estaba ya harto de escuchar la misma música. Claro, los móviles que teníamos no son como los de ahora. Yo tenía aquel modelo ladrillo de Nokia, que de llamar a los familiares para tranquilizarles, se nos fue acabando la batería. Y no podían venir a rescatarnos con helicópteros, porque todavía seguía nevando”. “Y algunos empezaron a ponerse nerviosos” comenta el otro base del equipo, Pablo Martínez Arroyo. “Recuerdo que Rod Sellers, que no era de mucha paciencia, se puso a gritos con nuestro entrenador, Manolo Flores, que tampoco estaba mucho más tranquilo. Y casi les tuvimos que separar. Imagínate la situación. Yo me quedé en el autobús, pero sé que otros salieron a buscar ayuda, comida o algo. Santi Abad, que paraba poco quieto, fue de los que salió”. 

“Recuerdo que salimos Toni Pedrera, Tomás González y yo, que no aguantábamos más en el autobús. Con buen humor, dentro de lo que cabía, porque no te lo podías tomar de otra forma, buscamos ayuda. Y un tío que llevaba pescado fresco en su camión, nos pasó una caja con unas sardinas. Con el hambre que teníamos, intentamos hacer una fogata”. Pero, incautos, con las ramas que cogieron, húmedas, fueron incapaces de nada. “Sí, algunos nos trajeron leche caliente de un camionero, que tenía una pequeña cocina en la cabina y pudo calentarla” recuerda con gratitud aún hoy Ferrán López. “Que llevábamos con un bocata reseco que nos dieron después del partido, sin nada. Y después de tantas horas, hasta salimos en las noticias”. 

“Yo era el único con móvil operativo, porque tenía un cargador de esos que se recargan en el mechero del vehículo” añade Santi Abad, el único enlace con el exterior. “Y recuerdo que nos llamó José María García desde su programa, porque a mí, desde mis tiempos en el Barça, me tenía mucho aprecio. Y le contamos que, dentro de la situación, estábamos todos bien”. Cadenas nacionales de televisión, radios y la prensa durante todo el día siguiente, se hicieron eco de una aventura que iba tocando a su fin tras anochecer de nuevo. ”Vino la Guardia Civil desde Salamanca con dos coches todoterrenos, que, haciéndose un hueco tras los quitanieves, pudieron llegar hasta nosotros” dice hoy Ferrán López incluso con alivio. A él y a los que cupieron en los vehículos, les evacuaron hasta la población portuguesa de Guarda. “Lo que no olvidaré fue al llegar, el caldo calentito que nos dieron”. A Cáceres pudieron llegar a las cuatro de la madrugada del jueves. “Bueno, eso los primeros en llegar, porque algunos tardamos más” replica Santi Abad. “Al no caber todos en los coches de rescate, yo me quedé, por ejemplo, aún en el autobús con el cuerpo técnico. Y cuando por fin arrancamos tras despejar la carretera, debíamos atravesar otra cordillera y hubo atascos de nuevo, porque volvió a nevar. ‘¿A que nos quedamos aquí otra vez?’ pensé. Que hubiese sido el colmo”. Fue un momento puntual, que no pasó del susto. Bien entrado el jueves, los últimos aparecieron en sus residencias. 

El resultado de todo aquello fueron seis jugadores de baja. Entre gripes y fortísimos catarros, Pablo Martínez Arroyo, Enrique Fernández, Juanjo Bernabé y Rod Sellers, más Toni Pedrera y Michael Ansley, con enfriamiento en la espalda y posterior lumbalgia, el equipo estaba hecho un cuadro y debieron pedir el aplazamiento del partido. La machada se produjo en Vitoria un 18 de diciembre, donde lograron vencer al Taugrés (65-73), con 17 puntos y 11 rebotes de Rod Sellers, 16 de Michael Ansley anotando los tiros libres decisivos (como siempre), 14 de José Antonio Paraíso y la dirección de Ferrán López (13 puntos y 3 asistencias), primer jugador de la historia en hacer el trasvase LEB-ACB, pues comenzó la temporada en el Lucentum Alicante de una manera tan destacada, que el club vio la respuesta en él a los problemas físicos de Pablo Martínez Arroyo, para la dirección del juego cacereño. Y llegó la Copa. León esperaba. 

Y lo que León y todos esperaban era el duelo entre Real Madrid y F.C. Barcelona en cuartos de final. No solo por su enorme rivalidad sino por el simbolismo de, a los dos serbios que lideraban la plantilla blanca, Dejan Bodiroga en pista y Zeljko Obradovic en el banquillo, el Barça dio respuesta con la reciente adquisición del base Aleksandar Djordjevic, harto de calentar el banquillo de los Blazers. Los azulgranas iniciaron el curso muy irregulares, despidieron a Andrei Fetissov y junto a la adquisición de Jerrod Mustaf en su lugar, Djordjevic aterrizó en la Ciudad Condal como regalo navideño. Y el encuentro logró ser uno de los más recordados de la historia de la Copa: 115-110 para el Barça tras dos prórrogas, con 30 puntos del base serbio (cuando llevaba 12 en el minuto 34), certificando toda su obra con un triple final que obligó a arrodillar a los blancos definitivamente. 

Tras el espectáculo de 50 minutos cargado de intensidad, el que el Cáceres resquebrajase desde la primera mitad el último encuentro de cuartos ante Estudiantes (88-81), tampoco gastó mucho espacio en los medios, aún a vueltas que si el arbitraje de Guillén fue criticado por Zeljko Obradovic, que si loas al nuevo ídolo liguero. Eso sí, más atenciones adquirieron en la segunda semifinal del domingo por la tarde, cuando los cacereños plantearon una defensa, en la que el atlético escolta Stanley Jackson se encargó con su presión, de llevar hasta la incomodidad más inquietante a Djordjevic. Y aunque ambos se anularon en ataque, pues Jackson -autor de 21 puntos y 4 de 5 en triples en el choque de cuartos-, llevaba un 2 de 10 en tiros de campo a mediados de la 2ª mitad, salió victorioso, pues Djordjevic -1 de 8 en triples-, casi nunca se sacudió aquello ni pudo reaccionar, colapsado, cuando todos estaban a la espera del “ya despertará en los momentos decisivos”. Y momentos los hubo, pues se acometió otra prórroga, aunque para los azulgranas, esta vez tan solo una. Ni con esas.

El equipo de Aíto García Reneses estuvo desnortado, con un porcentaje casi sonrojante en el triple (5 de 26), sin saber gestionar el empuje de los cacereños -sobre todo en la prórroga-, personificado en la estampa de Santi Abad. Inédito en los primeros 20 minutos de partido, Abad hubo de salir a pista al inicio de la segunda mitad a causa de la cuarta falta de José Antonio Paraíso y su obligado banquillo. Anotó 15 puntos cargado de energía ofensiva, a cuyo ímpetu, a veces debía calmar Michael Ansley, que era el dueño y señor de lo que allí pasaba. Ansley, “que ya no era el de Unicaja” confiesa Ferrán López, es cierto que le costó mucho coger el ritmo y tono aquel curso, pero a la hora de la verdad en la Copa, en esta semifinal en concreto, leyó perfectamente cuál su cometido. Ningún pívot rival se atrevía a puntearle su lanzamiento exterior, aprovechando tal coyuntura y marcándose un 4 de 6 en triples. Hizo el daño habitual en poste bajo y luego, esa maravilla de ejecución en sus fintas, que hacía volar a los rivales, aguantaba el impacto… y a la línea de tiros libres, desde donde era un virtuoso (9 de 13 esta vez, con algún error final sin mucha trascendencia. Los “de verdad”, los metió todos). 31 puntos se marcó el estadounidense, respaldado por el enorme trabajo de Rod Sellers (16 puntos) y una más que certera dirección de Ferrán López.

Manolo Flores, entrenador de los cacereños, toda una vida como jugador y en el banquillo del F.C. Barcelona, saboreó como nadie esta machada (94-88), en una ciudad absolutamente devota de su equipo de baloncesto, que debutaba en una Copa en León y que celebraban que su equipo estaba en la final del lunes noche. Era un logro mucho mayor de lo que pudieran haber soñado cuando tomaron el autobús hacia esta edición de 1997. Y más celebraciones hubo en la mente de algunos, cuando tras dos minutos transcurridos de la segunda mitad en la finalísima, un mate de Rod Sellers en contragolpe, daba un marcador de 51-34 y los badaloneses en estado de shock. 17 puntos de ventaja que, viendo a unos y otros, parecía que la final estaba decantada. 

Quizás fuera el cansancio de tres días consecutivos, quizás el no saber responder a una extraña situación en la que Xavi Crespo, alero del Joventut, que no había sido utilizado en toda la Copa, anotara tres triples consecutivos y diera vida a los suyos, o el que no pudieran sacudirse desde entonces un aroma plomizo y pesado en ataque de posesiones tan largas como tan cortas en ideas, el caso es que un posterior y salvaje parcial de 17-0, con Andre Turner al mando, acabó por sentenciar el choque y que en Badalona celebraran un título copero 20 años después (79-71). El Cáceres C.B. se vio envuelto en todos esos odiosos tópicos en quien no gana, de “pagar la novatada” o “miedo a ganar”, con el que tuvieron que volver a casa de vacío cuando lo tuvieron tan, tan cerca.

Bueno, de vacío, no. El recibimiento al equipo en Cáceres fue multitudinario. Siete mil personas (que Cáceres no es tan grande) esperaron para recibir a los suyos, que en este viaje se habían sentido inmensamente felices y orgullosos de su club de baloncesto. Una nevada, una clasificación “en diferido”, una Copa cargada de calidad entre partidos legendarios, cuatro prórrogas e infinidad de sorpresas, en la que este Cáceres C.B. fue la verdadera esencia del torneo. Por ello hay que recordarlo. 

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