URSS Y YUGOSLAVIA, SABONIS Y PETROVIC. EL SHOW CONTINUA
Juan Manuel López Iturriaga: Estaba muy bien, porque llevaban a los europeos, que muchos jugaban Copa de Europa y más o menos, eran conocidos. Pero la oportunidad de ver un equipo argentino, un equipo brasileño… Jugábamos frente a sus selecciones cuando fuimos a Cali o en los Juegos de Moscú. Pero no sabíamos, por ejemplo, el nivel que tenían esos equipos. Y era una oportunidad de mostrar lo exótico para nosotros y calibrarles. Como jugábamos la Copa Intercontinental, nosotros les tenías en el radar, pero no los aficionados. Y todo esto… claro, tú mezclabas el equipo sudamericano, una universidad americana, que siempre tenía su cosa, el Real Madrid y luego un decente en Europa, quedaba un torneo muy guapo. Los carteles muchas veces, eran de lo más atractivo.
Paco Torres: Era la época que los rusos venían con caviar y se iban con vaqueros y todo tipo de ropa. Luego no sé si se lo dejaban pasar por la aduana o Gomelski, que era dios, lo pasaban a través de él. Pero ellos traían caviar para todo el mundo y venderlo aquí. Lo bueno que tenía aquel torneo de Navidad es que traían equipos que era imposible verlos de otra manera. Tú a la selección soviética no les veías, porque jugaban Europeos y Mundiales, fuera de España. Y a la selección yugoslava, tampoco les veías. Y ya no te digo selecciones como Brasil o Argentina o Puerto Rico. Venían baloncestos distintos. Porque te traen al Efes y les vi ayer o les voy a ver pasado mañana. Todo era atractivo porque lo que venía, era novedoso.

En los 80, el torneo pareció cambiar de rumbo. Y sí, las universidades dieron paso a las dos selecciones más potentes de Europa: las inalcanzables Unión Soviética y Yugoslavia. Entre Raimundo Saporta, aunque ya no perteneciera al Real Madrid, junto con la colaboración decisiva de José Antonio Arízaga, se logra que tales selecciones nacionales desfilen por el oscuro parquet de la Ciudad Deportiva. Y con todas sus estrellas, por supuesto. Por separado o incluso, en dos ediciones (1984 y 1988), compitiendo ambas, fueron un cartel de lo más atrayente, a los que el Real Madrid plantaba cara. Si Arvydas Sabonis rompió el tablero, al año siguiente Drazen Petrovic, el personaje deportivo más odiado en la Casa Blanca tras vencerles en la final de la Copa de Europa de 1985, hizo su aparición por primera vez. Para regresar al año siguiente mucho más cándido y sin pizca de sus provocaciones habituales, porque un mes antes se confirmó su fichaje por el Real Madrid. Jugó Jorge González, aquel gigante argentino de 2.30 de estatura, que encaminó su vida en el wrestling estadounidense hasta morir enfermo y en la miseria. Vino hasta Nate Archibald en un combinado All Stars, aunque llevaba ya dos años retirado. Como campeón inesperado, en 1982, el oficioso filial del Real Madrid, el Inmobanco, también grabó de oro su nombre.
Alfonso del Corral: Yo gané el Torneo de Navidad con el Inmobanco y fui nombrado el mejor jugador del torneo, ante jugadores como Delibasic, Dalipagic o Brabender. Sentí una emoción increíble. Me acuerdo perfectamente que jugamos un partido en casa en la pista del Canoe, que era nuestra cancha, ante Estudiantes, dos días antes del Torneo de Navidad. Y nuestro entrenador, Ignacio Pinedo, tenia un cabreo importante y estaba enfadadísimo. Y el día anterior al torneo, nos fuimos a tomar unas cervezas, unos pinchitos, porque estábamos con el bajón, nos sentíamos seres… Nos sentíamos muy mal. Y empezamos que venga, que mañana… Y jugamos un Torneo de Navidad extraordinario. Y lo ganamos. Además, recuerdo que Saporta luego nos daba algún regalo o un dinerito en formato de cheques de El Corte Inglés. Imagina eso para mí, era fascinante. Yo, que era un crío, que cobrabas unas cuantas pesetillas, pues te daban un regalazo, un cheque de unas veinticinco mil pesetillas. Porque ahora mismo, los chavales no saben que 23, 24 y 25 eran unos días que eran entrañables para reuniones familiares y para el Torneo de Navidad. Y con ello, todo pasaba a un segundo plano. Porque tú no podías comer muy fuerte si luego tenías que jugar. Todo eso forma parte de nuestra vida, de nuestra propia historia. Son momentos inolvidables.
Paco Torres: Alfonso del Corral, en aquel torneo, le metió una hostia a uno del Madrid, que se quedó el del Madrid mirando a éste tras la falta, como diciendo ‘que entrenamos juntos, tú’. Sí, sí. Lo que te dice de lo de la testosterona, es más que cierto.
E incluso, se abortaron fichajes. En el otoño de 1988, Pedro Ferrándiz, nombrado nuevo director deportivo del club blanco rodeado siempre de polémica, firmó al pívot yugoslavo Stojan Vrankovic para la siguiente campaña. Un jugador que ya tenía firmado un preacuerdo con Boston Celtics, por cierto. Cuando Yugoslavia se presentó al Torneo apenas un mes después -Yugoslavia llegaba con la vitola de vigente subcampeón olímpico compartiendo cartel con los campeones olímpicos, la URSS-, el Vrankovic de pose habitual, apático, indolente, casi ninguneado por Fernando Martín que le ganó la batalla a cada momento, fue despedido con pitos por la afición, cuando no su más absoluta indiferencia. Desde ese momento, se deshizo aquel fichaje.
Y, por cierto, el de Sabonis no fue el único tablero roto. Exactamente en la siguiente edición tras el de Sabonis, apareció un combinado llamado San Marino All Stars, de jugadores estadounidenses reunidos por su agente, con la finalidad de promocionarles y “colocarles” en diferentes equipos europeos, práctica muy habitual en los 80. Patrocinados por empresas tabacaleras, incluso había periodistas invitados a sus giras -Paco Torres nos confirmó uno a Rimini, a gastos pagados-, para degustar de sus lindezas. Pues en este 1985 que nos ocupa, con jugadores como el NBA Ed Nealy, o los “españoles” Dan Caldwell o Bobby Lee Hurt, entrenados por John Betancourt, un tal Black, en el calentamiento del primer partido del Real Madrid, rompió el tablero que, esta vez sí estalló gran parte en pedazos. Hubo más de tres cuartos de hora de espera, los jugadores se dedicaron a estirar músculos y seguir calentando, mientras reponían el tablero. Y existe una foto adorable, donde Martín posa haciendo el tonto a la cámara fotográfica de Fernando Laura. “Para que veas el rollo que tenía yo con él. Me alegraba mucho. Eso, Fernando lo hacía con pocos”. Y uno de los directivos blancos, siendo entrevistado en televisión para que explicara el proceso de recambio del tablero, mostraba un mosqueo considerable, porque se trataba del tercer tablero roto en lo que llevaban de temporada. “En la historia del Real Madrid, tan sólo se había roto el de Sabonis. Y este año, llevamos ya tres” confesaba amargamente. Y es que, en aquella 85-86 fue cuando se instauraron en liga española los aros retráctiles que hay en la actualidad, toda una revolución en baloncesto. Entre otras cosas, para evitar aquella estupidez de pitar falta técnica a todo aquel que se agarrara del aro en un mate. Sin embargo, nadie reparó que los tableros convencionales no estaban preparados para, no el que alguien se colgase del aro, sino el impacto y la vibración que sufría el tablero cuando el jugador lo soltaba. Ahí estallaba con el consiguiente mosqueo del club blanco, entre otros.

Juan Manuel López Iturriaga: Cargarte un aro en una rueda de calentamiento es, casi de ser idiota. Seguramente algún descerebrado pensaría ‘qué molón es cargarse un tablero’. Me acuerdo que nos daban durante algún año, un premio al mejor jugador de cada equipo y luego, al mejor jugador del torneo. Y recuerdo que yo, en el Torneo de Navidad solía jugar bastante bien. Pero siempre había alguno que me superaba. Y recuerdo un año, había jugado dos partidos buenísimos. Y pensaba que ‘este año, me lo llevo seguro’. Y Fernando Martín, el último día, se cascó un partidazo…y guardo esa espinita. Nunca fui el mejor jugador del torneo. Además, un año en el que no había jugado apenas por lesiones y salí de titular los dos primeros partidos y jugué muy bien. Y el tercer día, que nos enfrentábamos a la URSS, no jugué. Y otro posible MVP que voló. Eso sí, me motivó mucho el poder hacerlo en dos encuentros de titular, tras la aquella lesión tan latosa de la espalda.
De aquella última intentona de Iturriaga por ser galardonado como el mejor jugador, ya sucedió en el Palacio de los Deportes de Felipe II. El Torneo de Navidad se engalanaba en un lugar más acorde, donde ahora sí, cabía todo el que quisiera ir. Tras el Mundial de España de 1986, donde se reformó para que albergara su fase final, tras los primeros partidos del Real Madrid de Copa de Europa allí, aquellas navidades fueron, para mayor gloria de Larry Spriggs, el estadounidense campeón de la NBA con Lakers y MVP de esa edición, su nuevo hogar. Aun con un cartel de participantes algo menos atractivo, la propia solera, la tradición del torneo, hacía que el Palacio se llenara al completo.
José Díaz Tenorio: Lo del Palacio era demencial. Se trataba de una instalación mastodóntica, que tan sólo se utilizaba en Navidad para aquel espectáculo sobre hielo, el “Holiday on ice”, como velódromo para ciclismo o motos y … poco más. Algún concierto, circos a veces y ya. Pero lo que son deportes, no creo que se usara más de cuatro o cinco días al año. Claro, el Real Madrid jugaba en una instalación de no llegar a cuatro mil personas; el Estudiantes jugaba en otro donde no se llegaba ni a los tres mil, siendo generosos. Y parecía que a nadie se le ocurrió antes, con el tirón tan enorme que tenía el baloncesto, de desplazarse a un recinto donde por aquel entonces cabían más de doce mil personas.

















