Hay jugadores que merecerían, sin temor, portadas casi a diario, por el mero hecho de formar parte de nuestra competición. Lo que nos dieron Essie Hollis, Mirza Delibasic, Fernando Martín o Audie Norris, era algo mostrado como mucho, semanalmente en portadas de aquellas maravillas en forma de revista, cuyo aroma a papel de imprenta ya embaucaba, colocadas en un pequeño montón en los estantes de kioscos. Hoy día, con las redes sociales y a golpe de ‘clic’, debiéramos ser conscientes que las cabeceras de webs refererntes a la Liga Endesa, las debieran copar día tras día sus mayores protagonistas. Un Kristaps Porzingis no hace mucho, más aún Luka Doncic, como hoy el privilegio es disfrutar de Nikola Mirotic. Y sin mirar hacia otro lado, por ampollas que puedan levantar ciertas rivalidades mal entendidas, asumirlo. Porque en NBA no les duelen en prendas situar en sus portadas a Kobes, LeBrones, Currys o Tatums. Son la riqueza de la competición. Pues aquí, en nuestra bendita liga, un tipo que representa un tanto por ciento alto de esa riqueza, se llama Walter Edy Tavares. Y la forma en la que ayudó a ganar al Real Madrid y auparlo al liderazgo, es para destacarlo tan alto como su puesto en la clasificación.
Las gradas del Santiago Martín tinerfeño estallaron junto a Marcelinho Huertas protestando por un manotazo recibido en el momento de una suspensión a media distancia (que tenía razón), castigada su airosa reclamación por una falta técnica. Más que la no-apreciación de la falta, con el grito de Marcelinho asomó la enorme frustración de un día en el que, en sus cinco asistencias repartidas hasta entonces, no existía la correlación de dominio en el partido que es habitual. Que intentaba forzar en tiros exteriores y tampoco resultaba (2 de 8 en tiros de campo hasta ese momento en el tercer cuarto). Y todo, porque la zona estaba totalmente colapsada por la presencia de Walter Tavares, aun contando con dos de los mejores pívots continuando bloqueos (Giorgi Shermadini y Fran Guerra) al que les resultaba harto complicado finalizar canastas ante su presencia. Y este concepto tan “tkachenkiano”, insertado en la psique de cada jugador canarista, lo expandió el jugador caboverdiano. Así de contundente fue.
Por la trascendencia del partido y por poner el broche dulce a una semana complicada de viajes por Munich y Kaunas del Real Madrid, Tavares jugó más minutos (25:36) que nunca esta temporada en Liga Endesa (con la excepción del partido ante Cazoo Baskonia). Porque Chus Mateo pensó que era de obligado cumplimiento ante el líder liguero, tenerlo presente, cuando su tendencia es que juegue menos en liga doméstica (21 minutos) que por Europa (26). Y dominar. Y devastar.
Que la pintura fue suya, negando tiros en la zon, forzando a llenarlo de fintas ante su interminable sombra y posteriormente, doblar balones hacia el exterior. Walter Tavares significó el dominio bajo el aro al margen de las estadísticas habituales de 10 puntos, 4 rebotes y 2 tapones. Pudiéramos literalizarlo, pero optamos por numerizarlo, si echamos un vistazo algo más minucioso al encuentro ante el líder hasta ese momento, Lenovo Tenerife. Vean:
- Con el pívot madridista en pista, el porcentaje de tiros de los laguneros en la zona fue de 9 de 18, cuando el porcentaje habitual en ellos es mucho mayor. De esas 9 canastas, se contabilizan 3 continuaciones tras bloqueo (2 de Fran Guerra y 1 de Shermadini), los dos fantásticos mates tras cortes a canasta de Abromaitis (tras el caño de Guerra) y otro a aro pasado de Shermadini tras remontar línea de fondo, finalizando con 3 entradas a canasta de un mérito enorme (2 de Fitipaldo y otra de Jaime Fernández), con la habilidad innata en ellos, ante la intimidación de los 220 centímetros del madridista. Que ya es arriesgar.
- De los 14 rebotes que hubo en el aro blanco (siempre hablamos con Tavares en la pista), hubo 4 ofensivos de los tinerfeños, en contraste con los 3 tan solo de nuestro protagonista que, por el contrario, sí ayudó previamente en otras tareas de manera decisiva, para que sus compañeros capturasen hasta 7.
- Pero lo más interesante es el temor previo al tiro de los hombres dirigidos por Txus Vidorreta. Si ponemos la lupa en la cantidad de gestos ejecutados en la que, ya dentro de la zona, fintaron en situaciones claras de tiro sin llegar a hacerlo, doblando balones hacia el exterior o simplemente, saliendo de la zona driblando y a empezar de nuevo, porque tirar delante de Tavares no era buen negocio, suman un total de 16 ocasiones. 16 veces, una tras otra, en la que la idea era tirar y deber abortar, con el posterior pase resignado hacia un compañero en el exterior. 2 de esos pases fueron balones perdidos más otras 2 pérdidas que provocó Tavares en sus inmediaciones.
En realidad, hubo un momento en que entrar en la zona, fintar y doblar para el tiro exterior, comenzó a ser parte del paisaje en los ataques locales, que les fue minimizando posibilidades de victoria. Y apuntado esto, a Lenovo Tenerife no le quedó más que el recurso del lanzamiento exterior. Y cuando necesitó de los mejores, por mala suerte, no tuvieron su día (Sasu Salin, 1 de 6 en triples) y en conjunto, un 8 de 24 que, para las necesidades del encuentro, no fue suficiente.
Contando de la racha de triples de Mario Hezonja en los minutos decisivos, como el altísimo dúo francés Poirier-Cornelie que suplía a Tavares cuando estaba en el banquillo, el Real Madrid se aupó finalmente con el triunfo (67-80) en un encuentro intensísimo, eso sí, con un colorido en las gradas espectacular y de los que enriquecen la Liga Endesa, más cuando se trata de jugarse el liderazgo.
Walter Tavares es uno de los mejores reclamos de nuestra competición y a tipos como él, nos debemos como simples espectadores. Disfrutarlo es un privilegio. Tan fácil como eso.



















