La temporada 88-89 fue la única en la que, bajo la denominación Caja Guipuzcoa, el histórico Askatuak disputó la denominada Liga ACB (formato adquirido desde la 83-84). Su plantilla estaba formada mayoritariamente por jugadores vascos cuyas historias han ido viendo la luz a través de esta sección. Prácticamente el único que quedaba por aparecer aquí es Jesús Eguiguren, también conocido como Iosu. Hoy por fin vamos a resolver esa ‘deuda’ con un pívot rocoso que solamente disputó tres encuentros haciendo una sustitución temporal.
Eguiguren apareció en el equipo donostiarra debido a la lesión de Edu Santos, el interior que normalmente daba descanso a los extranjeros Kirk Richards y Pete Verhoeven. Su bagaje se limita a tres partidos (13 minutos en total) en los que no llegó a anotar, pero da bastante igual porque su nombre quedó inscrito para siempre en la enciclopedia de la competición. “Me llamó Jaume Ventura para entrenar porque me conocía. Jugaba en el Iraurgi y eché una mano muy orgulloso. Fue una experiencia preciosa para mí”, cuenta hoy en día, a los 58 años. Empezó con el baloncesto muy tarde, a los 17, porque anteriormente había sido portero de fútbol y también había practicado varios deportes tradicionales de Euskadi. Sus 2,03 de chicarrón del norte imponían: “no había nadie más grande que yo en toda la provincia”.
“Me cogió el gran Juanjo Moreno en Durango y me enseñó las primeras cosas. Aprendí rápido y tuve opción de jugar en otros sitios, como Manresa. A punto estuve de disputar un torneo con ellos en Palma de Mallorca, pero opté por quedarme aquí. También me quisieron equipos de la tierra como Cajabilbao y Baskonia, pero no me arrepiento”, afirma. ¿Por qué? “Los de pueblo somos un poco difíciles. Me casé pronto y me quedé en la empresa de construcción de mi padre”, responde. Jugó algún tiempo más a nivel amateur caracterizado por su gusto por el juego de contacto, por pelear cada balón como si fuese el último.
Del baloncesto se queda sobre todo con la cantidad de amigos ilustres que hizo. “Tengo mucho contacto todavía con gente como Javi Mendiburu, Perico Ansa o Nacho Solozábal. Jugábamos pachangas en verano. Era como una pretemporada para ellos. Se iban de aquí bien preparados”, comenta.
Ahora vive en Lekeitio y sigue regentando la empresa de construcción familiar. Tiene fama de hombre afable, directo, de los que disfruta con las conversaciones, inevitablemente algunas de ellas relacionadas con la época en la que se asomó, aunque fuese brevemente, a la máxima categoría del baloncesto español.


















