Llegaron los badaloneses a la final del Campeonato de España cadete con mucho mérito, mostrando una enorme solvencia en el partido decisivo de semifinales ante la cantera tinerfeña, Cajasiete Canarias (65-38), sobre todo si se presentaban en la gaditana San Fernando con la baja de su mejor hombre exterior, el base Conrad Martínez. Sin embargo, entre los chicos entrenados por el prestigioso Marc Calderón, eso no fue obstáculo.
La Penya completó una gran competición siendo el conjunto que más optimizaba el juego en estático. Pocas carreras se permitieron y excepto en la final, abrumados por la superioridad física del rival en la que se vieron envueltos en una locura de tiro, durante el resto del campeonato movían y movían el balón, hasta que encontraban la grieta en la que introducir todo su ‘veneno’ ofensivo, que era mucho. Para ello, los bases Pau Majoral (uno de los mejores vistos en San Fernando), como Miquel Llompart desde el banquillo, más la veteranía (sorprendente decir esto en un chaval de 16 años. Pero era así) del escolta Albert Garrido, chequeaban perfectamente hacia dónde debían dirigirse. Y dividían y doblaban. Y circulaban el balón y lo cambiaban de lado. Ya fuese en entradas, en las que usaban su cuerpo con gran maestría, en especial Majoral y Garrido, como el tiro exterior en las esquinas de uno de sus tiradores más destacados, Eduard Canals, las opciones que encontraban eran grandes.

Todo ello, claro, bajo el tótem que todo lo dominaba y controlaba, el que veía y decidía, el que ha sido uno de los mejores jugadores de la competición y por recursos técnicos, top 5 absoluto en este Campeonato de España: el pívot portugués Rubén De Oliveira Santos Prey. Hijo de caboverdiano y alemana, este chico que cumplió en febrero los 16 años y puede llegar a los cercanos 210 centímetros de estatura -si no los supera- dio la mayor lección de juego en poste bajo de toda la competición. Y claro, nos enamoró a todos.
En el año de Nikola Jokic como MVP de la NBA, con un campeonato en la que Alexander Sarr y Aday Mara han sido dominadores desde la posición de pívot natos estos días en San Fernando (que, por cierto, excelentes instalaciones), la guinda la ha puesto De Oliveira Santos. Versatilidad para recibir, paciencia para chequear ante los traps rivales y dar el mejor pase, un juego de pies extraordinario y además, saber tirar ganchos en suspensión con ambas manos y enorme precisión. Aún muy delgado y sufriendo en la final ante los pívots del Real Madrid en una reválida que le plantearon en un juego más físico, durante la competición tuvo un nivel sobresaliente.
La mayor gama de recursos, era suya. Y el pívot que, junto al zaragozano Mara, mejor hizo jugar a sus compañeros, era él. Balón al poste bajo y que él decidiera. Y en ocasiones, salía al exterior y si sus porcentajes en tiros a media y larga distancia tan solo se quedaban en correctos, serán destacados a no mucho tardar, porque su mecánica da para pensar en ello.

Intimidador y bien colocado en la zona, ha sido en muchas ocasiones el salvavidas defensivo de la Penya. ¿Una futura estrella? Pues está por ver. Tan solo queda que siga trabajando más en lo mismo y que no tenga prisa. Que su cuerpo irá cambiando a un “cuerpo nuevo”, más musculado, para poder acometer tareas ante pívots especialistas en jugar físico y saber tener la misma capacidad anotadora ante ellos. Que no descuide -y mejore- toda la gama de tiros que tiene, que le exigirán más según vaya pasando categorías. Porque la clarividencia en el juego, la tiene.
En Endesa Basket Lover nos gusta alabar, sí. Pero, sobre todo y en categorías inferiores, con nuestras palabras pretendemos que sean una exigencia y una motivación de cara al futuro. Es una delicia ver jugadores así y los hemos disfrutado (todos y cada uno del Joventut) a sus 16 años de edad. Pero cuando ves oro en el río, no es un tesoro si no lo trabajas y lo pules, sacándolo brillo. En Badalona saben de eso. Y expectantes estaremos hacia la evolución de un chico que lleva destacando y cumpliendo expectativas desde infantil. Y que se vea flanqueado por la pareja de bases que promete y el tiro exterior que intuimos. La Penya y su buen hacer, siempre, siempre, en la élite.


